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Integrante de ACAPI (Asociación de Comunicadores de la Argentina por Internet) |
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Espacio Carta Abierta de Carlos Casares Los datos de la realidad
Contra todos los que apostaban al default, más en términos de deseos que de posibilidad, el 2009 cerró con el dólar a 3,83; con un superávit comercial de 18.000 millones de dólares; con un superávit de 7000 millones en balanza de pagos; con 48.000 millones en reservas; 580 mil toneladas de carne exportadas, etc. Datos por nadie desmentidos o cuestionados, que convierten a la mayor parte de los opositores anti-K en simples charlatanes. Uno de ellos, el analista Borda, a fines del 2008 proclamaba en el diario La Nación que “ni siquiera confiscando las jubilaciones el gobierno podrá cumplir con los vencimientos de la deuda pública de 2009”. Un año después el gobierno había cumplido con todos los compromisos externos, intereses y amortizaciones de deudas contraídas durante la dictadura militar, el alfonsinismo, el menemismo y el delarruismo, sin tocar los fondos de los jubilados, a los que por el contrario hizo crecer gracias a haberlos invertido en actividades internas que generan empleo y salarios que realimentan el sistema previsional, además de haber otorgado aumentos por encima de lo pautado de forma automática. A los dichos de Broda hay que sumar los de sus epígonos Prat Gay, Arriazu, Artana, De Pablo, Espert, Ferreres, Abram, Brodherson, Kiguel, Delgado, López Murphy, Solanet, Melconian, y sus repetidores en TN, Radio Mitre, América, Radio 10, Clarín, Ambito Financiero, La Nación. Además de las radios, diarios y canales locales, que repiten durante los 365 días del año y durante las 24 horas del día, las profecías de estos econochantas. Esos pronósticos se hicieron y se hacen en un contexto de crisis financiera internacional que arrasó con las empresas y bancos más grandes del mundo, poniendo en la picota a los organismos que durante los últimos cincuenta años nos dijeron siempre extorsivamente lo que debíamos hacer, y en un contexto interno de intensa sequía y de sediciones corporativas. Los opositores políticos al gobierno, en lugar de desenmascararlos, incurren en un pensamiento desiderativo, que consiste en hacer suyos esos pronósticos acríticamente, con el íntimo deseo de que se cumplan, y prenderse como cuzcos garroneros de los talones del gobierno en cuanta oportunidad tienen. Es el caso de Redrado, un ex funcionario del menemismo que responde a la banca internacional y que en el 2003 Kirchner convocó seguramente por temor a ser desestabilizado por el sector financiero. El caso es que el gobierno decidió con muy buen criterio despejar toda incertidumbre para el 2010, utilizar 6500 millones de dólares de las reservas de libre disponibilidad (17.000 dentro de los 48.000) con el objeto de garantizar de antemano el pago de vencimiento y no tener que usar los recursos previstos del presupuesto (como pretende la derecha). En lugar de respaldar al gobierno contra Redrado, la oposición política en continuidad con su política de lo peor, respaldó a Redrado, en el preciso momento en que el gobierno trata, con esa medida, de bajar las tasas de interés que se pagan interna y externamente. Una crítica que se podría dirigir al oficialismo es no haber removido antes a este funcionario del neoliberalismo y no haber modificado la carta Orgánica del central para que el Banco Central se constituya en instrumento de la política económica de los gobiernos elegidos por el pueblo y no en un instrumento del monetarismo. Pero por desgracia no son estas las objeciones. Otra crítica en principio inobjetable sería reclamar al gobierno que deje de pagar deuda externa, investigue sus orígenes, y deje al Congreso la decisión tal como lo establece la Constitución. El detalle que se escapa a quienes alientan esto es que se requiere de una política resueltamente anticapitalista con un 70% del apoyo electoral. Proponer este tipo de cosas sin explicar cómo obtener el poder para hacerlo es pura propaganda o inconciencia. Valga todo esto para pensar en el tipo de alternativas que se están construyendo para el 2011. Una oposición responsable y leal, que se constituyera una alternativa real estaría reclamando una reforma impositiva para reducir drásticamente el IVA, aumentar el impuesto a las ganancias, desgravar los beneficios reinvertidos, actualizar los inmobiliarios, a la vez que simplificar y unificar al máximo los tributos de los tres niveles juridiccionales. Lejos de ello ponen en práctica todo mecanismo de obstrucción concebible, como si no hubiera alcanzado que los antecesores del Pro y de la Coalición de Carrió hubieran destruido el 40% de la industria y aumentando en un 500 % el endeudamiento externo durante la dictadura militar. O como si a los radicales alfonsinistas no les bastara con la hiperinflación que desataron, con la deuda que agregaron, con el perdón a los genocidas, y con los 34 muertos de De la Rúa en colaboración con Reuteman que dejaran tendidos en las calles del 2001. O como si los peronistas ortodoxos no tuvieran suficiente con el desguace menemista de las mayores y mejores empresas del Estado, que llevaron cien años de lucha sociales construirlas, ni con haber duplicado el endeudamiento externo y haber producido un 35 de desocupación, un 50% de pobreza, y una desigualdad nunca antes registrada. Nadie parece hacerse cargo de nada y mucho menos ensayar una autocrítica respecto de su pasado. Será quizás porque siguen perteneciendo a él, es decir, porque son parte de un pasado que no pasa, y que por eso amenaza nuestro futuro. Sin embargo todos se llenan la boca hablando de la “corrupción” de los Kirchner, a falta de buenos argumentos políticos, sin haber aportado jamás una sola prueba. Sumando sospecha y duda, con acusaciones que no responden por la sospecha y duda que existe entre los dirigentes de sus respectivos partidos u ámbitos. Varios jueces ya investigaron al matrimonio (el último juez en hacerlo carece de toda afinidad con el gobierno) sin encontrar otra cosa que un enriquecimiento obtenido por la adquisición de bienes a un valor hace unos años y vendidos después a otro varias veces superior, lo que indica en todo caso que los K se han enriquecido como cualquier hijo de vecino, y que el problema es del sistema, no de quienes lo usufructúan legalmente. Si, en cambio hay pruebas del republicanismo de los K, que nadie reconoce, cada cual sabrá por qué. Un dato de los muchos que se podrían mencionar y que una ciudadanía proclive al odio sin razones ni causas, en lugar de negar, debiera memorizar, es el siguiente: 2009 termina con otros 32 genocidas condenados, mientras que el 2010 cerrará con otros cien más en las cárceles. Esto se debe a que en soledad, con un procedimiento más democrático aún que el que marca la Constitución, designaron los jueces de la Corte Suprema que después derogó las leyes de la impunidad, las mismas que fueran sancionadas por radicales y peronistas con el aplauso de la derecha. Es en este espejo en el que a esta sociedad no le gusta mirarse, quizás porque le devuelve, justamente, la imagen de su complicidad con el terror y de su ferocidad con los más débiles y con quienes piensan diferente. |
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